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Cada vez que hemos finiquitado la construcción de una planta desalinizadora en alguna parte de nuestro país, lo primero que se viene a la mente al ser entregada, es que no entregamos solamente una infraestructura y un servicio, sino que lo que estamos entregando es “Dignidad” a sus habitantes.

El agua es un recurso vital para la vida humana, y gracias a la tecnología de osmosis inversa, hoy puede disponerse en cualquier parte del planeta en la medida que dispongamos en su cercanía agua de mar o salobre. Los sistemas de desalación de agua actualmente tienen un costo de operación muy bajo en relación a los sistemas de producción de agua tradicional, particularmente debido a que nuestros sistemas operan con energías renovables (solar y/o eólica).

Los beneficios son innumerables, no solamente que pueden disponer agua los habitantes de la localidad, sino que también pueden disponer de agua para sus procesos productivos, entre los cuales se pueden mencionar lavado de pescados y mariscos y fabricación de hielo, entre otros. Es también desarrollo local y sustentable, que permite mejorar los ingresos a las familias de los pescadores.

En Chile se han montado varias plantas, la gran mayoría financiadas por INDESPA, en general tienen una capacidad potencial de producción de 10 Mt3 diarios, funcionan en base al proceso de osmosis inversa y la energía necesaria para su operación, 100% autónoma, es producida por un sistema solar fotovoltaico de 16 kW y un sistema eólico, un banco de baterías de 86 kWhr y un inversor de 10 kVA Normalmente en las inauguraciones un común denominador, que siempre está presente, es la dignidad que adquieren las familias beneficiadas por este tipo de proyectos, las cuales desde que se entregan, disponen de agua purificada y energía para sus procesos productivos y, en parte también, para el consumo humano.

Las plantas desalinizadoras operadas con energías renovables son un claro ejemplo de que las comunidades pueden llegar a ser emplazamientos autónomos que pueden disponer de los servicios básicos habituales, y a la vez, desarrollarse en forma independiente de las redes de electricidad y agua, en el concepto y modalidad que hoy conocemos. Claramente, este tipo de tecnologías son y serán el futuro de las caletas y comunidades de nuestro país.

Ya no se tendrá que esperar a que las redes (eléctricas y de agua) deban llegar a los lugares rurales retirados de los centros urbanos. El anhelado sueño ya puede ser realidad.